17 julio, viernes

Último día de clase. Wow! Cómo se nos ha pasado el tiempo. Parecía una eternidad y ya estamos terminando... Hemos recibido nuestros diplomas y los parabienes de los profesores, que aseguran que éste ha sido un grupo fantástico, muy sociable, animado, con una preciosa relación entre ellos y con los demás. Las mejores presentaciones y los mejores diarios ha recibido regalitos y al final hay una pequeña sorpresita para todos, unas cajas de "fudge" que compartimos entre todos  y que duran menos que un caramelo en la puerta de un colegio... ¡y nunca mejor dicho!

Aún nos queda una tarde de actividades y es una que nos tiene en ascuas, expectantes... incluso un poco nerviosos y tal vez asustados... ¿Será por eso que llegamos con casi 20 minutos de retraso al autobús? ¿O será simplemente costumbre? Es curioso cómo a tres minutos de la hora convenida, nos entran unos irrefrenables deseos de desaparecer, para ir al "toilet", o a Poundland a comprar alguna chuche indispensable, o... siempre hay una buena excusa.

Después de tres semanas, nos vamos a enfrentar en cinco duras batallas de Paintball. Nada más llegar, aprendemos nuestra primera lección de supervivencia: hay que ir pertrechado con calzado viejo, que se pueda embarrar sin que nos dé pena, y llevar calzado y calcetines de recambio, para después de guerrear. Tras enfundarnos unos monos de camuflaje y unas máscaras que hacen muy difícil saber quién es quién (aunque la altura es una pista importante para distinguir a, pongamos, Iker -1,86- de Mikel -1,50-), asistimos a un "briefing", una explicación que nos proporciona Brian, el jefe del cotarro en este campamento. Es tal el grado de excitación que hay que parar la explicación varias veces para pedir silencio. Naroa está muy nerviosa, medio llorando, pensando en que los disparos van a doler; Paula está convencida de que, precisamente por ir de negro, va a resultar un blanco perfecto; y Uxue, directamente, abandona antes de empezar, porque hay que reconocer que el ruido de los disparos es sobrecogedor.

















No nos da tiempo a jugar la quinta partida. Hemos perdido demasiado tiempo porque hemos llegado tarde al autobús, porque la explicación se ha alargado con tanta pausa para pedir silencio... Sí nos permiten vaciar nuestros cargadores en el campo de entrenamiento. Después, a cambiarse  y a comentar la jugada, las estrategias... a lucir orgullosos las "heridas de guerra". Todos lamentan, eso sí, que la monitora no haya querido jugar... ¿por qué será?

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